El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

martes, 24 de noviembre de 2015

La muerte de un Señor de Quinta

Portada de la primera edición de la novela comentada


Diego Armario, el autor
Hay obras literarias cuyo hallazgo me reafirman en la convicción de que leer es uno de los mayores placeres al alcance de mis posibilidades.

Éste ha sido el caso de la primera novela, que no primer libro, escrita por mi admirado amigo Diego Armario López. Se trata de "La muerte de un Señor de Quinta", cuya primera edición se produjo en enero de 2004, tras quedar finalista en el premio Fernando Lara 2003. Esperemos que muy pronto vea la luz una merecida reedición.

Hace ya varios días que terminé de devorarla con la avidez que me estimuló su arranque violento y trepidante. Como le comenté al autor, es una novela valiente y provocadora que "engancha", porque empieza donde y como otras terminan. Prometí a Diego escribir mi opinión, y voy a tratar de enfrentarme al difícil reto de hacerlo sin desvelar nada sustancial de la apasionante trama, conducida con la habilidad de un cronista con muchas plumas gastadas en el ejercicio de un excelente periodismo.

Debo confesar que, después de "El club de las amantes impacientes", ésta es tan sólo la segunda novela que leo del autor de ambas, al que sigo hace mucho en su faceta periodística. Y nuevamente me ha sorprendido el hábil manejo que hace de la psicología de los personajes. Con precisión de cirujano perfila las almas de los protagonistas en una obra coral en la que intervienen muchas y variadas personalidades, a cual más compleja, lo que pone de manifiesto las enormes dotes que Diego Armario posee para calar en lo más hondo de las personas y extraer los pigmentos con los que matiza sutilmente la gama cromática de las diferencias importantes que subyacen en comportamientos aparentemente similares.

No tiene gran importancia el lugar geográfico en el que el autor sitúa la acción, la sociedad rural sudamericana, porque el mensaje que transmite podría situarse en cualquier tiempo y espacio, puesto que, como describe el primer párrafo del prólogo: "En cualquier lugar del mundo, por muy cercano o lejano que esté de donde nosotros vivimos y aunque no lo sepamos, siempre hay un abusador impune".

Tremenda sentencia que, desgraciadamente, la realidad confirma una y otra vez, a pesar de hacerlo de variadas formas diferentes.

Pero es que lo importante del fondo de la novela, radica en ese crudo mensaje y en sus consecuencias. A la vez que pone de manifiesto la inerme indefensión de los colectivos largamente sometidos a omnímodos poderes incuestionables que terminan aceptando cualquier dictadura, porque "así son las cosas y su orden natural". Odian y se avergüenzan de la represión y abusos que se les imponen, pero son incapaces de actuar con libertad, cuando tienen la ocasión de hacerlo, por el miedo de asumir responsabilidades individuales. Es más cómodo mirar para otro lado y seguir sojuzgados. Un patético retrato en el que los hombres salen muy mal parados... Porque, casi podría decirse que estamos ante una obra con trasfondo de reivindicación feminista, en un contexto caciquil donde el abuso sexual es la norma; el derecho de pernada elevado a regla permanente en pleno siglo XX, con la aceptación timorata y vergonzante de los hombres incapaces de rebelarse contra la humillante costumbre.

Son las mujeres las que tienen un decidido y marcado protagonismo en la escritura de la partitura sinfónica que se interpreta en la novela, desde el brutal, cruel y salvaje principio hasta el inesperado final. Una melodía que suena con el intenso y acre sabor de la justa venganza, dejando pequeño al Conde de Montecristo, paradigma de ese sentimiento en mi imaginario, desde que leí la gran obra de Dumas.

Estamos ante la historia de un pueblo, realmente toda una comarca, dominada por el sistema feudal ancestral del poderío absoluto de los sucesivos Señores de Quinta que, cual monarquía instaurada y mantenida a sangre y fuego, van heredando plena y abusiva posesión sobre las vidas y haciendas de sus vasallos, como miserables y crueles dictadores consentidos y asumidos.

Desde esa posición de dominio absoluto, los Señores de Quinta ejercen toda clase de violaciones y violencias sobre la población, sin que ésta se sienta capaz de hacer nada para modificar tan aberrante estado de cosas. El poder del miedo a enfrentarse a un sistema que se perpetúa por inercia gracias a ello.

Hasta que un buen día, las mujeres actúan por iniciativa propia y con refinada crueldad... El error del peor de los Señores de Quinta, Nacho Murrieta, fue abusar de la mujer equivocada. Y lo pagó.

Aquí me detengo, porque lo que sigue tiene su respuesta en el primer capítulo y he prometido no desvelar nada que pueda privar de su propio placer a otros lectores.

Sólo me gustaría añadir que la habilidad e inteligencia del autor enriquece la obra con un final en el que aporta las claves de los acontecimientos que conducen al nacimiento y creación de un mito legendario, cuyo diseño y construcción es imprescindible para conseguir los objetivos liberadores de la población afectada. Una aportación interesantísima que remata mejor que bien una novela que nada tiene que envidiar a alguna de Mario Puzo en la que retrata la Sicilia profunda.

Finalizo esta breve reseña con las tres citas que encabezan la portadilla de la novela, porque su acertada elección resume mucho mejor que mis palabras, el contenido e intención de la obra.

"Las personas son como la luna:  Siempre tienen un lado oculto que no enseñan a nadie". (Mark Twain)

"En la venganza, el débil es siempre el más feroz". (Reugesem)

"Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón". (Jacinto Benavente)

Una vez más, gracias, Diego Armario, por el buen rato que me has hecho pasar con este canto al precio de la libertad y los sueños realizables.

FRM [23/11/2015]

sábado, 21 de noviembre de 2015

La vida ha cambiado

Antaño, besabas a una rana y podía salirte un príncipe desencantado.

Ahora, besas encantada a un príncipe y puede salirte rana.

FRM [21/11/2015]

(Foto de archivo)

martes, 17 de noviembre de 2015

Juegos de cama

(Foto de archivo)

Toda la vida soñando con practicar juegos de cama... Y ahora resulta que son de tela.

FRM [17/11/2015]

domingo, 8 de noviembre de 2015

Y me besó una leona

(Foto de archivo)

Cuando publiqué el relato de mi recuerdo como colaborador en el diseño y realización de las ilustraciones para las vallas publicitarias del Zoo de Madrid, terminaba refiriéndome a otra historia, relacionada con una joven leona que me dio un buen susto en aquellos tiempos.

Pues bien, ha llegado el momento de rememorarla, con una sonrisa que entonces se me congeló, como espero que se comprenda al leer este breve relato.

Resultó que mi relación amistosa con la directora del Zoo, me llevó a conocer a otros responsables de diversas tareas en el recinto, entre los que hice especial amistad con Scotty, un entrañable británico divertidísimo y bonachón, responsable de destetar a los felinos, entre otras actividades veterinarias.

Nuestra amistad prosperó durante el año y pico que mantuve mi relación con el Zoo, tanto como para ser invitado a su casa en varias ocasiones, situada en la calle Doctor Fleming de Madrid y puerta con puerta con el humorista chileno "Bigote" Arrocet, que, en aquellas fechas, vivía en la misma finca.

La verdad es que pasé muy buenos ratos con ambos, gracias a la chispa de "Bigote" y los "chispeantes" gintonics de Scotty. No obstante, lo más inolvidable fue poder jugar con los pequeños cachorros de pantera negra, leopardo y león que puede conocer en aquella peculiar morada, llegando incluso a dar biberones a alguno de ellos... Sobre todo a una pequeña leona que era un verdadero muñeco de peluche, dulce y juguetona como un gatito, con la que establecí un vínculo muy especial, reforzado por los mimos y caricias que le hacía en la barriguita hasta que se dormía en mi regazo.

Era una verdadera delicia y resultaba asombroso pasear por el recinto del Zoo y ser testigo de cómo los animales ya adultos reconocían alborozados a su "nodriza", abrazando a Scotty y llenando de lengüetazos la feliz sonrisa de su rubicundo rostro.

Pues bien, aproximadamente seis meses más tarde de mi último encuentro con mi leoncita en casa de mi amigo, tuve una de mis reuniones de trabajo con la directora y, aprovechado mi presencia, Scotty se acercó a su despacho para saludarme e invitarme a uno de nuestros gratos paseos por las instalaciones.

Estábamos finalizando la ruta en el área destinada al uso exclusivo de los veterinarios, cuando mi sonriente amigo me avisó de que iba a darme una sorpresa. Dicho lo cual, y sin más preámbulos, abrió una puerta metálica, dejando vía libre a una leona que se avalanzó sobre mí, dando con mis huesos y el traje que vestía en el suelo.

Efectivamente, con una zarpa en cada hombro, tumbado en el suelo y recibiendo lametones por toda la cara, acabé tomando conciencia de que se trataba de "mi leoncita"... Jamás había imaginado que un cachorro de león y sus colmillos creciesen tanto en seis meses.

Y, desde luego, no podía entender, por qué el puñetero de Scotty se moría de la risa, mientras yo estaba convencido de que me quedaban escasos segundos de vida, antes de ser devorado por aquel pedazo de leona que abultaba más que yo.

Creo que nunca lograré saber si las lágrimas que empañaban mis gafas por el interior, ya que por fuera lo hacía su lengua, se debieron a la emoción del reencuentro y la alegre sorpresa de que me recordase o al ataque de pánico que sufrí previamente, cuando me daba por muerto.

Lo que sí es cierto, y de eso estoy seguro, es que es uno de los recuerdos más singulares y entrañables de mi nómada existencia.

FRM [08/11/2015]

sábado, 7 de noviembre de 2015

Tu corazón

Tu corazón no bombea,
me bombardea.

FRM [07/11/2015]

(Foto de archivo)

La luz de una sonrisa

(Foto de archivo)


Una piel tersa y suave.
Piernas largas, torneadas.
Senos turgentes, coronados.
Cabello fragante.
Bello vello, excitante.
Vientre anhelante.
Nalgas firmes, ondulantes.

Obra de arte.
Belleza admirable.
Deseo imborrable.
Pasión arrebatada.
Efímera naturaleza
de jugosa lozanía
en cuerpo confortable.

Tentadores hechizos fugaces
que se eclipsan invisibles
bajo la luz impactante
de la dulce y tierna mirada
propia de un alma grande
que al mundo se asoma
en sonrisa imborrable, deslumbrante...

Y eso me cautiva.
Eso es lo más importante.

FRM [06/11/2015]