El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

lunes, 8 de agosto de 2016

Hagan juego

(Foto de archivo)

La vida es como un gran casino en el que se puede entrar sin corbata y con todo el capital de SER con el que nacemos. Cualquiera puede jugar y elegir cuándo, cómo, dónde y cuánto apuesta. Y, como es ineludible, se gana o se pierde... Es el riesgo inevitable que se encuentra diluido con el escipiente de la adrenalina en el cóctel del aprendizaje.

Como en cualquier casino, algunos no paran de jugar y otros sólo se pasean, mirando con curiosidad e, incluso, sin ella. Los segundos nunca pierden, pero jamás ganan nada. Su paso entre las mesas es monótono y estéril hasta que la elegante dueña del establecimiento les acompaña a la salida, embutida en su elegante traje negro de noche eterna.

Entre los jugadores, se encuentran los ludópatas compulsivos que saltan de forma inestable de una mesa a otra, en una desordenada, anárquica y estresante carrera hacia ninguna parte y que sólo satisface y beneficia a los croupiers. Siempre lo pierden todo, salvo que se detengan y cambien la pauta de conducta.

Otro grupo de jugadores lo componen los que, pretendiendo actuar con la mayor racionalidad, distribuyen sus recursos entre diversos juegos, con la consecuente reducción de los capitales apostados en cada caso. Constituyen una variante activa de los que sólo miran, pues pretenden reducir los riesgos y aumentar las posibilidades de ganar algo. Lo que pierden en unas mesas, con suerte, lo recuperan en otras. Y, aunque la recuperación sea parcial, se autoengañan con la esperanza de que lo lograrán en las siguientes rondas de apuestas. Tardan más en perderlo todo, pero, al final, no pueden evitarlo.

También están los inseguros dubitativos y desconfiados. Miran y miran, piensan, repiensan y calculan, dudan y dudan... Y hacen pequeñas apuestas, de tarde en tarde, con mínimo riesgo y cambios de criterio e inestabilidad en sus decisiones mientras dura el tiempo previo al cierre de apuestas por las que opta sin convicción. Engañan su aburrimiento enmascarado con la adrenalina del miedo a perder y pocas esperanzas de ganar. Son perdedores natos que acaban saliendo del casino con lo que entraron o poco menos, pero nunca con mucho más.

Y, finalmente, estamos los locos entusiastas convencidos. Los que depositamos toda la confianza y energía de la totalidad del capital disponible en una sola mesa, en un solo juego, en una sola y única apuesta que nos fascina irremisiblemente. Los locos peligrosos que asumimos sin temor el mayor riesgo... con fiel entrega total. Ganamos y perdemos alternativamente. Cuando se pierde, es mucho y parece irremediable, pero... cuando se gana. ¡Ah... cuándo se gana! No existe premio mayor que un pleno otorgado a la afortunada elección. Se aumenta tanto el capital apostado que permite seguir haciéndolo con renovada alegría, entusiasmo y convicción... Hasta el final.

¡Hagan juego, damas y caballeros! La vida sigue...

FRM [08/08/2016]

2 comentarios:

  1. hay que saber cuando apostar y a qué, y hacerlo sin miedo. Qué difícil.

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    1. Sí, amigo, no es fácil y siempre arriesgado. Pero... hay que aceptar que unas veces se gana y otras se pierde, viviendo ambas circunstancias intensamente. Al menos para mí, así ha sido siempre.

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